Hoy: John Paul Larkin

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En esta entrada sabremos cómo un tartamudo llegó a vender su propia línea de muñecos y aparecer en las latas de Coca Cola de Japón. Se llamaba John Paul Larkin y nació en 1942 en un hogar humilde de California. Tardó unas ocho o nueve sílabas en pronunciar su primera palabra completa. El problema que lo aquejaba era realmente grave: estaban los tartamudos y luego estaba John, que durante su infancia tuvo realmente difícil comunicarse con los demás. Así que a los ocho empezó a tocar el piano porque pensó que sonaba mejor que su voz. Y a los catorce vio la siguiente actuación en la tele:

Era Ella Fitzgerald cantando How high is the moon (aunque en el minuto 4:25 ofrece una preciosa rendición de It’s been a hard day’s night de los Beatles). Casi llegando al segundo minuto, notará el lector, se vuelve loca y empieza a soltar sílabas sueltas que se repiten sin sentido.

–¡Eso lo hago yo totototototodos los días para pedir el dededededededesayuno! –debió de exclamar John dejando caer un trozo de sandwich a la alfombra.

Ella Fitzgerald no se había inventado esto, pero sí lo hizo popular. Se llamaba scat (nada que ver con comer heces) y ya lo venían haciendo Al Jonson y Louis Amstrong desde los años diez inspirados a su vez por otro señor todavía más viejo que lo hacía en el siglo XIX ante un piano, Jelly Roll Morton, un cantante de habaneras. Cuando le preguntaron al tal Jelly qué estaba haciendo al tartamudear dijo: “Nada, esto no es nada, es para dar… ambiente”. Y siguió soltando sílabas sueltas ante el piano. Al público le encantó.

Nuestro pequeño John se hizo pianista de jazz y tuvo bastante suerte. En 1984 le ofrecieron tocar en un crucero. Tenía 38 años y decidió que era una oportunidad unica para probar aquello del scat. El público, en medio del mar, no podría huir muy lejos. Para su sorpresa el publicó reaccionó con entusiasmo y (ya en tierra) se recorrió clubs de Nueva Orleans a Chicago soltando sílabas sin orden ni concierto ante los mismos pianos tras los cuales antes se ocultaba. Publicó discos que no vendieron nada y se apilaban en el sótano de su casa. También, como buen cantante de jazz, se encargó de repartir su tiempo entre hacerse rayas de cocaína y vaciar botellas de Jack Daniels. Cuando uno de sus mejores amigos de murió por una sobredosis, John llegó a casa y le dijo a su esposa (Judy, también alcohólica en rehabilitación):

–Recoge tus cosas, que nos vamos a Berlín.

Allí John conoció a un agente que lo puso a tocar en restaurantes de hoteles, lo cual les permitía vivir bastante bien y mantenerse alejado de la flora, fauna y tentaciones del inframundo. Pero Judy creía que su esposo servía para algo más y entregó a su agente una cinta con ejemplos de su marido haciendo ese divertidísimo scat ante un piano, algo que en los noventa estaba de capa caída, por no decir completamente olvidado. El agente lo escuchó en el coche y llamó enseguida a John.

–Nunca había escuchado algo así, ¡tenemos que hacer algo con esto! –le dijo entusiasmado.

Sitúense: Berlín, principios de los 90. Estaba muy claro qué iba a hacer con eso. Aunque a John le pareciese la idea más detestable del mundo. “Bueno, haré lo que sea”, respondió en un momento dado John, seguramente con la fiel Judy escuchando emocionada al lado del auricular. John se animó y escribió una canción dedicada a levantar el ánimo de los tartamudos del mundo que decía así:

Todos tartamudeamos de una manera o de otra/No dejes que nada te eche atrás/Si yo puedo conseguirlo, tú también/Todo el mundo decía que tartamudeo/Pero, “¡oh, no tartamudea cuando canta!

John Paul Larkin, el hombre tartamudo que amaba el jazz y a Ella Fitzgerald sobre todas las cosas en el universo, se hizo famoso a los 53 años de la noche a la mañana cuando la filial BMG/RCA Records en Hamburgo decidió publicar como single esto que se había grabado en seis horas. Les quedó así:

Ahora se llamana Scatman John, por decisión de la discográfica, y su éxito Scatman (Ski-ba-bop-ba-dop-bop) fue número uno en trece países en 1995. No solo fue uno de los cantantes más mayores que lograba un número uno en Europa (tres años después los ingleses se reían de que Cher, con 52 años, consiguiese el récord de single más vendido de la historia en Reino Unido con Believe) sino que lo hizo con una canción de ánimo para tartamudos. Ah, el mundo era entonces un lugar divertidísimo.

Aunque esto tenía pinta de one hit wonder mirase por donde se mirase, su siguiente single también logró un éxito considerable. Era solamente un poco mejor que el anterior y se llamaba Scatman’s World (eso de tener un nombre absurdo e incluirlo en el nombre de todas tus canciones también es una cosa muy de su tiempo). Cuando se estrenó en su momento algunos avispados observaron que John había compuesto una canción que se podía reproducir perfectamente al mismo tiempo que el Canon en re mayor de Pachelbel sin que ninguna de las dos desentonase. La gente que lo bailaba en las discotecas light ni se enteró, pero era cierto. Aquí está la prueba:

Tal vez esta historia sería más bonita si resultase que estas canciones tenían un subtexto de un profundidad abisal o un entrelineado magnífico, pero las letras no eran el fuerte de John Paul Larkin, que prefería tartamudear y tocar el piano. El tono de Scatman’s world era casi infantil. “Tartamudos, gordos, blancos, negros, marrones, habladme del color de vuestra alma”. Pero dio igual. Vendió ocho millones de discos y fue premiado por MTV como el mejor artista masculino del año.

Y después de eso sí: Scatman John se quedó para vestir santos en el país que te acoge cuando tu fama ha pasado ya en el resto del mundo. ¡Japón! El mismo en el que Bananarama aún son unas superestrellas y en que Twin Peaks: Fuego camina conmigo de David Lynch llenó todos los cines tras vaciar los de todo el mundo occidental. Pues a los japoneses les encantó esto:

Y Japón es un sitio fantástico donde ser una estrella. Te sonríen cuando no suelen sonreir a nadie, hacen muñecos con tu forma y te ponen en las latas de Coca Cola. Sus canciones sonaban en anuncios de cosméticos y de pudding. Y eso que la presencia de Scatman en sus propias canciones hacía que no sirviesen para casi nada excepto para ser cantadas por Scatman en vídeos donde aparecía Scatman. He aquí una lista de títulos de sus canciones:

230614104768Welcome to Scatland
Scatman’s World
Scatman (Ski-Ba-Bop-Ba-Dop-Bop)
Song of Scatland
Scatmusic
Pripri Scat
Scatman’s Dance
Scat Me If You Can
Scatmambo

En 1997 Tim Robbins, que había sido nominado dos años antes al Oscar por Pena de muerte, esa película larguísima en la que Susan Sarandon aparece sin maquillar, se prestó a lo siguiente:

John Paul Larkin, o esa creación detestable que con el tiempo aprendió a amar llamada Scatman, disfrutaba de sus últimos días de fama residual. Lo del tartamudeo ya había dejado de tener su gracia. Su siguiente disco se llamó Take your time y se publicó en junio de 1999, cuando en Europa ya se estilaba más William Orbit que 2Unlimited. Vendió un poquito en Japón y nada en el resto del mundo. Por aquel entonces John ya no tenía cuerpo para promocionar nada. Durante la grabación de Take your time le diagnosticaron un cáncer de pulmón que lo mató en diciembre de ese año.

Hoy forma parte del Paseo de la Fama de la Asociación Nacional de Tartamudos de EEUU junto a James Earl Jones, Joe Biden, Emily Blunt y Marilyn Monroe. Su fiel esposa Judy, la que lo animó a hacer todo esto, mantiene una página de Facebook en la que está en contacto con sus fans y publica fotos y material inédito. Las canciones de Scatman podían ser horribles, pero esa foto de perfil de Judy y John Paul Larkin parte un poco el co(cocococo)razón.

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Acerca de Guillermo

Me llamo Guillermo #$ª/)*@ y escribo en una revista de actualidad. "¿Pero cuál es la percha?", me preguntan mis jefes insistentemente. Cuando vuelvo a casa no quiero saber nada de actualidad. Tampoco de perchas. Ahora doblo las camisas.
Esta entrada fue publicada en 1995, Música, Sin categoría y etiquetada , , , . Guarda el enlace permanente.

2 respuestas a Hoy: John Paul Larkin

  1. Jaydidesousa dijo:

    Viva!

  2. Paul dijo:

    Oh, qué bonito el amor de Judy.

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