Hoy: Lakeview Terrace (2008)

lakeview-terrace

En líneas generales:

Una película con la palabra terrace en el título ✓
Una película dirigida por Neil LaBute ✓
Una película producida por Will Smith ✗
Una película donde sale Samuel L. Jackson ✗
Una película donde sale Patrick Wilson a.k.a. uno de los actores más guapitos ✓
Una película con un vecino cabrón ✓
Una película donde luchan blancos y negros como hace 30 años ✓

Ayer vi Lakeview Terrace, una película de hace cuatro años. Cuenta la historia de un matrimonio de blanco y negra (Patrick Wilson y Kerry Washington) que se muda a un barrio residencial acomodado de Los Angeles. En la casa de al lado vive desde hace muchos años un policía negro (Samuel L. Jackson) de moral muy recta y métodos pocos ortodoxos. El nuevo vecino –blanco, rubio, de ojos azules y atlético– es tonto de capirote y tiene un trabajo de tonto de capirote: es ejecutivo en una cadena de supermercados, aunque nunca vemos nada que tenga que ver remotamente con su oficio excepto irse por la mañana y volver por la noche. Su esposa no hace nada, pero estoy seguro de que es una periodista freelance porque está todo el día en pijama tocándose el coño al borde de la piscina y, sin embargo, al principio de la película sugiere que una de las habitaciones con mejores vistas podría ser “su despacho”.

Enseguida surge una tensísima relación con el policía negro, que no aprueba a la pareja y decide hacer de su vida un infierno. Yo no entiendo los motivos de esto y creo que tampoco los entendería nadie que no haya vivido los disturbios del 92 en Los Angeles. Tengo ese episodio bastante presente porque en la primera temporada de Melrose Place había un capítulo divertidísimo en el que Rhonda, aquella profesora de aerobic que llenaba el cupo interracial pero que tenía las tramas más aburridas y del que Darren Star prescindió muy sabiamente tras la primera temporada, estaba lamentándose en la piscina de que su raza había sufrido mucho y tal y pascual. Billy, que acababa de ser atracado por unos negros, le soltaba: “Anda, cállate, pesada, que estás aquí tomando el sol en una urbanización de lujo mano sobre mano”. Rhonda, dolida por la indiferencia de Billy ante el dolor de los suyos, se lo llevaba de turné por los barrios más afectados por aquellos disturbios que se desarrollaban de forma casi paralela al rodaje de la serie (y surgieron después de que un jurado formado casi enteramente por blancos absolviese a un policía blanco de todos los cargos que se le imputaban tras haber dado una paliza a un motorista negro). Durante los disturbios fallecieron unas 60 personas. Al final del episodio, y tras ver a mucha gente corriendo y muchas casas ardiendo, Billy volvía con Rhonda a la urbanización de lujo y admitía compungido: “Oh, no sé de lo que hablaba, efectivamente los negros habéis sufrido mucho”. Y se abrazaban. Fundido a negro y créditos: “Executive producer: Darren Star” (blanco, multimillonario y gay misógino).

Tras presenciar tan insultante retrato de una problemática tan chunga y que además ocurrió en 1992, o sea, ayer mismo, uno tiene que prometerse a sí mismo no opinar sobre el verdadero conflicto que puede haber en la posibilidad de que un negro con principios se enfade porque una pareja interracial joven millonaria y despreocupada se vaya a vivir a la casa de al lado. Así que esta es una película que aquellos que no quemamos ningún coche en Los Angeles en 1992 debemos disfrutar desde la barrera: encantados al presenciar desde un asiento seguro la lucha a muerte de un villano contra los buenos, como quien ve una entrega de Viernes 13. No le demos más vueltas: Samuel L. Jackson es desde este lado del espejo sencillamente malo, un cabrón unidimensional como son al fin y al cabo todos los cabrones. La idea de que los cabrones guardan un trauma que los ha convertido en unos cabrones y la culpa no es suya es un tanto romántica y boba, además. Todo el que haya pasado por un colegio y haya topado con el niño hijo puta de la clase sabe que el niño es un hijo puta porque le da la real gana.

Este policía, eso sí, es un cabrón divertidísimo. Tiene en su jardín unas potentísimas luces de seguridad que apuntan directamente al dormitorio de la pareja y no les permite dormir. En un momento dado se mete en su sótano para estropearles el aire acondicionado y vemos al pobre ejecutivo de supermercado y a la probable escritora freelance sudar la gota gorda toda la película. El marido blanco fuma a espaldas de la esposa negra, y el policía se chiva en un momento dado, poseído por el espíritu de toda una portera de Almería en plena California.

Los disturbios de 1992 vienen muy a cuento en esta humilde crónica porque esta película posee uno de los entrelineados más toscos y evidentes que recuerdo: desde el principio de la película se anuncia de forma constante (en la radio, en la televisión y en diálogos entre los personajes) que los fuegos incontrolados de los montes cercanos se están acercando al barrio. Los fuegos en California en 2008 fueron reales, como los disturbios de 1992. Quemaron por completo la casa del pobre Christopher Lloyd. Oprah Winfrey y Rob Lowe tuvieron que salir corriendo en pijama y patucos de las suyas. Bien, uno se dice desde el principio: “No puede ser, no puede ser que utilicen el fuego como un elemento simbólico de la lucha racial y al final de la película las llamas alcancen las casas de nuestros dos protagonistas y ese sea el escenario de la confrontación”. Uno se espera más de esta película de hace cuatro años a la que Roger Ebert, el único crítico de cine vivo del que hay que fiarse, dio cuatro estrellas.

¡Pues tate! Eso es exactamente lo que pasa.

Al menos, el previsible desenlace nos deja una escena preciosa: cuando las llamas están cerca y el vecino blanco descubre el pastel (el policía acaba haciendo, como ya se habrá imaginado el lector, cosas mucho peores que estropear el aire acondicionado de los protagonistas), Samuel L. Jackson está regando su casa con una manguera a presión para evitar que arda, todo ello iluminado con una mezcla de la luz del fuego y del bonito atardecer de Los Ángeles. El guionista ha sido muy torpe haciendo que los fuegos y la trama se entrelazaran de manera muy previsible, pero le doy un aplauso por haber hecho que fuese precisamente el antagonista, un auténtico hijo de puta, el que saca un chorro a presión para intentar apagar al menos uno de ellos.

A Neil LaBute no se le dan demasiado bien los villanos, pero sí tiene una mano maestra para retratar a imbéciles. Tiene otra película en la que alguien enormemente malo (Rachel Weisz) se enfrenta de modo frío y carente de razón a alguien que es un fistro funcional (Paul Rudd). Es esta:

poramorarte

En esta peliculita (no os fieis de ese nombre tan feo, el original The shape of things es mucho más apropiado, ni de ese póster tan vulgar que le pusieron aquí en España) Paul Rudd es un estudiante bastante nerd que un día se encuentra con una bomba sexual que muestra un interés inusitado por él, por su arte y por todo lo que hace. Inician un romance en el que ella intenta moldearlo prometiéndole mejorar su vida: desde cambiar su dieta a aplicarle cera en el pelo. El guión aquí es del propio LaBute e inspirado en su obra teatral (no es el caso de Lakeview Terrace, escrita por el mismo mono tití que al año siguiente escribiría Obsesionada, oficialmente la peor película de la historia del cine y de la que tendré que hablar largo y tendido en otra ocasión). El final, en el que se nos revela por qué la bomba sexual ha sido tan benévola y comprensiva con el nerdie, es tan retorcido y tan espectacular que es mejor que no desvele aquí ni una coma.

En lo que respecta a Lakeview Terrace, vean primero aquel episodio de Melrose Place. Es igual de divertido y de profundo, pero dura la mitad y además aparecen TLC.

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Acerca de Guillermo

Me llamo Guillermo #$ª/)*@ y escribo en una revista de actualidad. "¿Pero cuál es la percha?", me preguntan mis jefes insistentemente. Cuando vuelvo a casa no quiero saber nada de actualidad. Tampoco de perchas. Ahora doblo las camisas.
Esta entrada fue publicada en 2008, Cine, Los dosmil, Sin categoría y etiquetada , , , , , , . Guarda el enlace permanente.

Una respuesta a Hoy: Lakeview Terrace (2008)

  1. Eva G. dijo:

    Nunca me había fijado en los mucho que Patrick se parece a Jenson Button. Kerry Washington es la mujer más abofeteable de la tierra y una actriz con menos registros que una batata. Apunto The shape of things. Y Obsesionada es una joya trash, espero ansiosa tu comentario sobre ella.

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