Hoy: Na Na Hey Hey Kiss Him Good Bye

En sus inicios, en pleno espíritu punk, Bananarama llamaban a sus productores cada vez que se les acababa la pasta del alquiler, les pedían un tema nuevo para grabar, lo cantaban con desgana juntando las cabezas ante un solo micro, sin variar ni acoplar el tono de sus tres voces, y después se iban al bar de al lado a tomarse unos machacaos. En una de esas llamadas sus productores les sugirieron versionar una canción muy simpática de los sesenta llamada Na na hey hey kiss him good bye.

La original era de un grupo llamado Steam, que no tuvo ningún otro éxito por un motivo altamente lógico que conoceremos después del vídeo incrustado.

Esta canción la escribió un señor llamado Paul Leka con dos amigos llamados Gary DeCarlo y Dale Frashuer. Paul Leka, que era el hijo de unos inmigrantes albanos y vivía en Connecticut, formó en 1969 con sus dos colegas un grupo llamado The Chateaus que no le debió dar muchas satisfacciones monetarias, pero colmaba sus ambiciones artísticas. En 1968, en solitario, compuso una canción muy bonita llamada Green tambourine que se convirtió en un número uno cantada por otros. Esto dio a una oportunidad a Leka para convencer a Mercury Records de que los fichasen a él y sus dos amigos para así poder publicar un disco con su propio grupo, The Chateaus. Les dijeron que vale.

Era 1969. Grabaron cuatro canciones que en Mercury gustaron mucho. Los tipos de la discográfica eligieron una de ellas para publicar como single. Ahora, por lo tanto, necesitaban una canción para rellenar la cara B de aquel disco. Decidieron recuperar una canción que habían escrito en 1961 que se llamaba Kiss him good bye y que los tres encontraban mediocre, pero les valdría para salir del paso.

Nuestros amiguitos Paul, Gary y Dale introdujeron corriendo un estribillo que se inventaron sobre la marcha. Querían alargar la canción para que ningún DJ la pinchara y su cara A brillase con luz propia. Decía algo así de absurdo: “na na na na/na na na na/hey hey/good bye”. Según contaría Paul, él introdujo ocho na y Gary y Dale dos hey –esto equivale a un (1) hey por persona, si no me equivoco–. Ahora la canción se llamaba Na na hey hey kiss him good bye. Ya tenían una cara B de relleno que les permitiría editar su primer single. Enviaron muy satisfechos el disco a la discográfica.

Ahora permítanme una reconstrucción dramática (con datos reales) de la conversación que siguió a aquello:

EL DE LA DISCOGRÁFICA: Ya hemos enviado vuestro disco a las radios. Un DJ en Georgia lo está pinchando y a la gente le encanta.
PAUL: Bieeeeeeeen (sonido de matasuegras y brindis).
EL DE LA DISCOGRÁFICA: Ah, pero está pinchando la cara B, que se me olvidó ese detalle.
PAUL: ¿¿¿Cómo???
EL DE LA DISCOGRÁFICA: Na na hey hey kiss him good bye. Ese será el single, vamos a invertir 50.000 dólares en promocionarlo.
PAUL: ¡¡Pero es UNA MIERDA!!
EL DE LA DISCOGRÁFICA: No, ¡es genial! Na na hey hey kiss him good bye será la cara A del single de los Chateaus.
PAUL: Pero, pero, ¡¡pero es UNA MIERDA!!
EL DE LA DISCOGRÁFICA: No, no, esa será vuestra canción y punto.
PAUL: Dios mío, ¡qué desgracia! (ruido de cristales rotos)

Pues resulta que no era la primera vez que alguien a última hora dice “¡un momento, un momento!” y convierte la cara B en la cara B. I will survive de Gloria Gaynor era una cara B (ningún ejecutivo se fiaba de una canción disco cantada enteramente por la voz de una solista y sin coros, algo que apenas se repitió, por cierto). We are the champions y We will rock you, esas canciones aburridísimas de Queen, eran también una cara B. Y también lo era originalmente Single ladies de Beyoncé.

En cualquier caso, y careciendo de estos gloriosos precedentes, Paul, Gary y Dale respondieron que por sus cojones iban a dejar que esa canción se asociase al sacrosanto nombre de su amado grupo The Chateaus. Decidieron publicar la canción bajo el nombre de un grupo ficticio que no existía, Steam.

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Gary se prestó, con reticencias, a cantar la canción bajo ese otro nombre y otros cinco tipos fueron contratados por la discográfica para formar un grupo ficticio, aparecer en el vídeo y tocar el tema en un tour por Norteamérica. Paul Leka rezaba en su casa para que la canción no interesase absolutamente a nadie más allá de los oyentes con sordera que llamaban insistentemente a aquella emisora de Georgia para que la volviesen a pinchar.

Pues bien, el 13 de diciembre de 1969 ocurrió lo siguiente:

Tachááááááán.

Tachááááááán.

Steam vendieron seis millones y medio de singles. Se convirtieron en uno de los one hit wonders más puros que hay. No es que solo tuvieran un éxito, es que solo tuvieron una canción. Además, en Estados Unidos se toman esto del one hit wonder como una religión y tienen sus reglas para que el término se pueda aplicar con exactitud. Según un tipo llamado Wayne Janzik, que tiene un trabajo que mataría por tener y es analizar ese fenómeno en libros como este, solo podemos llamado one hit wonder a un solista o grupo que ha logrado introducir una y solo una canción en el top 40 de Estados Unidos. Querido lector, si forma usted algún día un grupo y tiene la suerte de lograr un número uno en Estados Unidos rece a la virgen de su pueblo para que su siguiente single llegue al 41 y no al 39. De otro modo ni siquiera se podrá llamar a sí mismo one hit wonder.

The Chateaus nunca llegaron a nada. Paul Leka siguió trabajando dentro de la industria como compositor y productor. Su canción, a la que calificó de “vergonzosa e insultante” se convirtió en un himno en los campos de béisbol que aún sigue siendo coreado hoy en día después de un touchdown para burlarse del equipo perdedor, como se ve en el siguiente vídeo:

La canción se versionó decenas de veces. Las Bananarama lograron ser número 5 en el Reino Unido cuando la cantaron. Tambien la canta Bart en algún episodio de Los Simpsons y Tracey Ullman la parodiaba en su programa de finales de los 80. En 2001, tras los atentados a las Torres Gemelas de Nueva York, un memo respaldado por asociaciones ultraconservadoras circuló por las radios de todo el país en el que se indicaba qué canciones no era procedente pinchar durante aquellos días. Na na hey hey kiss him good bye era una de ellas, junto a otras altamente sospechosas de poder provocar otro atentado mortal como Rescue me de Fontella Bass, Love is a battlefield de Pat Benatar, Lucy in the sky with diamonds de Los Beatles, The end of the world de Skeeter Davis y I feel the Earth move de Carole King. Nueve años después, sin embargo, la canción volvía a estar permitida y de hecho los ultraconservadores eran los primeros que la entonaban. Este vídeo es de las celebraciones frente a la Casa Blanca tras el asesinato de Osama Bin Laden:

Gary DeCarlo sigue vivo y con el tiempo ha cogido cariño a la canción. Todavía la canta de vez en cuando. De Dale Frashuer no sé nada. Paul Leka se murió en un asilo el 12 de octubre de 2009, con 68 años de edad. La noticia de su muerte tardó dos semanas en llegar a los medios. Y las radios de todo el mundo, claro, volvieron a pinchar la canción. Qué proverbialidad: es la que se dedica al que pierde.

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Acerca de Guillermo

Me llamo Guillermo #$ª/)*@ y escribo en una revista de actualidad. "¿Pero cuál es la percha?", me preguntan mis jefes insistentemente. Cuando vuelvo a casa no quiero saber nada de actualidad. Tampoco de perchas. Ahora doblo las camisas.
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