Hoy: uso y abuso de las páginas de Facebook

¿Qué acto hay todavía más vil, más inútil, más idiota que procrastinar en Facebook? Crear páginas para ayudar a que procrastinen otros. Es como no conformarse con tener una enfermedad y querer contagiarla. Para aquellos que acaban de ser liberados tras un secuestro que duró cinco años explicaré que las páginas de Facebook son la forma que hay actualmente de indicar que tienes apego a algo o a alguien sin tener que verbalizarlo. Haces clic en un botón que se llama ‘me gusta’ (formerly known as ‘hazte fan’) y ya está. Cuando tengas unas diez o quince, la gente podrá decir que te conoce perfectamente. Adiós, cuestionario Proust.

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Hacer páginas en pleno 2013 es una cosa un poco antigua, eso sí. Hace mucho que yo no creo una, pero mantengo varias de las que creé hace tiempo porque les he cogido cariño. Me han hecho vivir situaciones bonitas y también situaciones terribles. Voy a hablar de cinco.

1.

Contaré primero lo que sucedió con una llamada La gente que llora en las discotecas, que tiene 13.701 fans a día de hoy. La creé de forma inocente y sin pretensiones tras leer una frase de la cantante Robyn que debería ser bordada en petipuá y enmarcada en todas las casas. Decía algo así como “La música pop está hecha para todos aquellos que alguna vez lloraron mientras bailaban”. Todos hemos visto a alguien llorando en una discoteca como si el mundo se acabase, aún cuando la razón del llanto era probablemente que una amiga le había mirado mal. Siempre siente uno mucha ternura ante los borrachos que lloran. Además, la mayoría de las cosas que ocurren en las discotecas son dramáticas a incitan a llorar. Por cada primer beso que hay en una pista hay tres corazones que se están rompiendo.

Pues bien, hice yo esa paginita y empecé a actualizarla poniéndome en el lugar de una díscola muchacha que decide llorar siempre en las discotecas para conseguir lo que quiere. No tenía nada que ver con el espíritu original, pero me hacía gracia contar sus historietas. Nuestra protagonista empezaba contando cómo lloraba para conseguir una copa, cómo lloraba para saltarse la cola del baño y, al final, cómo lloraba para conseguir sexo.

Como soy bruto como un arado, lo hacía con un lenguaje muy poco fino. Es que a mí los tacos y las frases bastas son las cosas que más gracia me hacen de todo el mundo.

Un día, cuando trabajaba en la web de una empresa española llamada Telecinco, vinieron a vernos unos señores de Facebook España. Venían a contarnos cómo funcionaban los nuevos servicios, por aquel entonces recién implementados, que seguian el rastro del usuario de Facebook allá donde fuese y permitía que, sin desloguearse de Facebook, pudiese dar a “me gusta” en diferentes blogs y noticias de la web. Vamos, que más o menos llegaron y nos dijeron:

–Señores, señoras: ya dominamos el mundo.

Me sentaron con todos mis compañeros en una sala de reuniones. La señora de Facebook España empezó a hablarnos de las páginas de fans. “La suya tiene tantos fans y puede tener más”, explicó con una actitud muy stevejobsiana paseándose por delante de una enorme pantalla de inicio proyectada en la pared de la sala de reuniones. “Y también pueden ustedes hacer que la gente se haga fan en su propia web, sin tener que hacerlo en la propia web de Facebook. ¿Alguien aquí ha hecho alguna página de Facebook y sabe cómo funciona?”.

Ahí todo se torció.

Respondí con orgullo:

–¡Yo!
–¿Y cuál es? Me gustaría que trabajásemos con la página que has hecho tú para que veamos un ejemplo cercano.
–Ehhhm, pues déjame pensar, que tengo muchas… Ya sé: ‘La gente que llora en las discotecas’.
–¿La actualizas tú mismo?
–Así es.
–Muy bien, busquemos. A ver, la gente que lloooo… aquí está.

La página ‘La gente que llora en las discotecas’ apareció enorme ante todos mis compañeros, mi jefa incluida. Esto es lo que se leía en letras que medían aproximadamente treinta centímetros proyectadas en la pared:

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HOSTIA PUTA, pensé sin parpadear. Se formó un silencio sepulcral.

–Yo, esto…. –balbuceé–. Esta página es mía, pero el del estado NO soy yo. Es FICCIÓN. Cuenta la historia de una chica que llora para conseg
–VEAMOS OTRA PÁGINA –me interrumpió la señora de Facebook España–. Trabajemos con la mía, ‘Navegar por la red’.

Fue un día aciago. Porque además esa misma mañana, al levantarme, me había encontrado muerto flotando en la pecera a mi muy querido pez Paquito. Durante el resto del día deseé que mi destino hubiese sido ese mismo.

2.

Luego está la página de ¿Capasaaaao? El Capasaaaao es un momento cumbre de la televisión española que probablemente he soñado porque no conozco a nadie que lo haya visto, y eso que pertenece a una serie líder de audiencia. Era una frase que pronunciaba Lina Morgan en Compuesta y sin novio, que emitió Antena 3 en 1994.

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En aquella serie Lina Morgan interpretaba a Valentina, una señora de Benavente que está a punto de casarse con José Coronado (no miento). Pero éste se va de putas la noche anterior a la boda y la planta en el altar. Destrozada, Valentina abandona Benavente (porque ya saben lo que dicen, buena villa y mala gente) para irse a Madrid. Allí conoce a Cati. Cati estaba interpretada por Amparo Larrañaga y y era la némesis de Valentina: una mujer decidida, sexual, respondona. Vaya, una chica de Madrid. Cati consigue un trabajo a nuestra amiga Valentina e incluso le permite vivir con ella.

Pero resulta que Cati tiene un acosador. Desde el principio de la serie le deja mensajes amenazantes, tipo “¡¡¡te voy a matar, puta, y luego te voy a cocinar y comer y vomitar!!!”. Cati, que es una chica de Madrid, pasa completamente del tema, aunque a Valentina le asusta de verdad este loco. En uno de los episodios cercanos al final de la única temporada que se rodó, el acosador aparece y ataca a Cati. Y en el forcejeo ambos se caen por la ventana.

Entonces ocurre algo increíble, maravilloso, algo que no se le hubiera ocurrido ni a Lars Von Trier.

Segundos después de la tragedia, mientras aún suena el ruido de algunos cristales que caen a la calle, Lina Morgan mira a cámara, hace un mohín y, con los brazos en jarras y los ojos muy abiertos pregunta al espectador:

-¿Capasaaaaaaaaaaaaaaao?

A mis amigos les hacía mucha gracia esta historia, así que hice una página de fans de ¿Capasaaaao? Y me olvidé de ella.

Unos tres meses después la recordé y volví a ella para actualizarla con algún chiste privado entre los diez amigos que me constaba que se habían hecho fans. Pero resulta que ¿Capasaaaao? no tenía diez fans. Tenía 41.263.

Nunca entendí por qué, pero recordemos que vivimos en mundo en el que actualmente el asunto más importante a nivel mundial son las fotos de llamas con que dicen OLA K ASE.

El momento no está en Youtube, claro, y nadie parece haberlo visto. Reitero que puedo haberlo soñado.

3.

También hice otra página llamada desetiquetarse de las fotos donde uno sale horrible. Esta tiene actualmente 159.491 fans. Es mi récord. Alguna gente intentó comprármela. Por si queda alguien que aún no lo sabía, el motivo por el que páginas que un día nos encantaron empiezan a ofrecernos cenas 2×1 en el VIPS y muestras de gel en nuestros muros de inicio es porque han alcanzado tal número de fans que alguien con intenciones aviesas paga para hacerse con el control y bombardearnos con anuncios. Por esta me ofrecieron 50 míseros dólares americanos. Me lo estoy pensando, me podría pagar una cena.

4.

En 2009 o por ahí hice una llamada Yo también doy clase en el IED. Resulta que me encontré a una amiga por la calle y me dijo “vengo del IED, doy clases de historia de la joyería”. Era una época en la que más o menos (y sin desmerecer a esa gloriosa asignatura ni a la muchacha que la impartía, que es enormemente lista) todo el mundo daba clase en el Instituto Europeo di Design, ese sitio donde estudia el joven talento artístico español. Desde historia de la joyería hasta estilismo para suricatos, pasando por coloración y endulcoración de chuches. Al llegar a casa hice esa inocente página que ilustré con la foto de una muchedumbre. La puse en mi perfil, diciendo “mirad qué página tan graciosa he creado”. Algunos le dieron a ‘me gusta’ y ahí se quedó.

Es que a usted, lector, ¿esto le parece normal?

Es que a usted, lector, ¿esto le parece normal?

No sé por qué un tiempo después empecé a actualizarlo regularmente. Supongo que acababa 2009 y empezaba 2010 y en Madrid empezaron a surgir un montón de cosas como el Zombie, aquel documental de gente moderna que se llamó Castizo y muchos otros asuntos. Puse alguna gracieta al respecto para compartir con los pocos conocidos que se habían hecho fans de la página. Pero de repente alguien debió de comentarlo por ahí y precisamente la gente moderna que iba al Zombie o salía en Castizo se hizo fan –mostrando sentido del humor, todo sea dicho–. Y en algún formspring de por ahi, algún Facebook de por allá y algún programa de radio hacían conjeturas sobre la identidad de la personita que llevaba la página. “¿Pero quién hará ese grupo?”. “¡Es alguien desde dentro del IED, alguien que conoce a todo el mundo que describe!”, decían algunos convencidos. Pues yo solo había entrado una vez al IED y porque daban copas gratis, la verdad. Y no conocía a ninguna de las it girls, blogueros, flyeros y diseñadores gráficos que mencionaba más allá de sus estelares apariciones en los vídeos de 212 Carolina Herrera y videoartes semejantes. Así que si alguien se sintió ofendido recuerden que solo se reía uno de la imagen bobalicona que esas apariciones proyectaban. Seguro que bajo esa egolatría multiplataforma se esconden seres humanos bellísimos y parecidos al resto de nosotros, que sangran cuando se cortan, que pasan frío en la montaña y que alguna noche han llorado abrazados a su almohada.

Hace mucho que no actualizo la página porque últimamente no sé nada sobre la modernidad. Ahora se cuece todo en Instagram y Formspring y esas cosas no las miro ya. ¿Pero cuál fue el principal motivo por el que ya no se me ocurrían más chascarrillos?

Fue por aquel vídeo de Loewe.

El vídeo de Loewe ya no se prestaba a hacer ningún chiste más sobre la modernidad porque era el chiste definitivo. Era como parodiar a Leslie Nielsen. Era un bonito estado de ‘Yo también doy clase en el IED’ en movimiento y con colores chillones, o eso me pareció. Ante mi teclado, sin palabras, susurré:

–Jo.

Y decidí que ya no había que decir nada más al respecto.

Espero que si alguno de los afectados lee esto no me atice con una pata de jamón por la calle.

5.

La quinta es las caras que pone Carrie Bradshaw mientras piensa y teclea a la vez, pero eso ya mañana. Un personaje tan tóxico merece otra entrada.

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Acerca de Guillermo

Me llamo Guillermo #$ª/)*@ y escribo en una revista de actualidad. "¿Pero cuál es la percha?", me preguntan mis jefes insistentemente. Cuando vuelvo a casa no quiero saber nada de actualidad. Tampoco de perchas. Ahora doblo las camisas.
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2 respuestas a Hoy: uso y abuso de las páginas de Facebook

  1. Marta dijo:

    Alonso: somos fervientes seguidoras de tu nuevo blog. A título personal (hablo en plural pero soy Marta) deseo que hagas un especial de una de mis revistas favoritas, todo hez y amarillismo: el National Enquirer. Es la revista preferida de John Waters (sintomático).

  2. Rose Kennedy dijo:

    yo era muy fan de Gente que llora en las discotecas, Guillermo. No sabes lo que me reía en aquellas aburridas aburridas mañanas en aquel horrible horrible pueblo africano.

    Rose

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